Joyas para lucir y ahorrar

Joyas para lucir y ahorrar

Hace muchos años, quizás 40 o 50 las personas de renta mediana que no vivían de rentas ni de grandes herencias, vivían con ilusión las celebraciones especiales como Navidad, cumpleaños y demás celebraciones.

No tenían grandes recursos pero miraban de ahorrar, ya fuera para avanzar en el pago de la hipoteca del piso, ya fuera para comprar una joya por el cumpleaños, para la comunión de una hija o hijo, o para una fecha concreta que se hiciera una celebración.

Claro, en aquella época, esta gente no podía viajar a la otra punta de mundo, ni comprar un ordenador, una Play Station o cualquiera de los aparatos electrónicos a los que hoy en día tenemos acceso.

Ni siquiera podían consultar internet, para ver que les gustaba más, puesto que internet no existía y todavía tardó muchos años al llegar.

Comprar una joya, en aquella época, normalmente de oro, era un regalo, una ilusión, era una cosa tradicional y especial a la vez, que transmitía un esfuerzo y un aprecio.

Pasados los años, con el progreso económico y la mejora generalizada del nivel de vida, al menos en teoría, ya tenemos acceso a viajar a la otra punta del mundo, debido a los viajes “*low cost”, tenemos acceso a multitud de equipos electrónicos para nuestro ocio, entretenimiento y usos domésticos varios que nos hacen la vida más fácil.

Claro, las joyas compiten en “liga” desigual, donde el ritmo trepidante y las ganas de vivir y consumir rápido cuántos más paisajes y más objetos mejor, hace que estén en desventaja, puesto que se han convertido en un objeto más. Han pasado de ser apreciadas, estimadas y deseadas para las mejores ocasiones a ser un mero complemento y además “un complemento low cost”.

El negocio de la Joyería se ha tenido de adaptar a los tiempos, buscar alternativas en el oro, productos diferentes, con texturas diferentes, más económicos y más de consumo casual, independientemente de las celebraciones.

Se busca quizás un diseño personalizado y que podamos intercambiar a menudo, antes de que tener una pieza contundente para lucir. Quizás nos estamos acercando a buscar la joya de usar y tirar.

Todo ello, no es que sea malo, pero sí que es diferente. No hablamos de joyas de alta gama, donde solo  tienen acceso una minoría, sino de joyas de consumo, para llevar una o dos temporadas y cambiar.

La idea de consumir joyas low coste, no es mala, siempre que seamos conscientes, es decir, no podemos exigir que un anillo de plata con zirconitas de pongamos unos 24,00 €, nos dé el mismo resultado de una anillo de oro con brillantes de digamos 1.000,00 €. Es verdad, que cuando la compramos y regalamos, tanto una como la otra producen una satisfacción similar, tanto a la persona que la compra, como a la persona que la recibe, pero hemos pasado de la sensación de es para toda la vida, a la sensación de la ilusión del momento y el “no sé qué he hecho aquella pulserita de plata que me regalaste”

Al pasar de los años, aquella joya de oro, comprada “para toda la vida”, quizás ha pasado de moda, puesto que su diseño ha sido superado por el paso del tiempo, pero la continuamos conservando y guardando para los hijos y estos para los nietos y quizás incluso estos venden porqué no la llevarán. Normalmente la venden y consiguen un valor increíble, que ningún otro producto que tenga aquella edad conseguirán nunca. Pensamos cuanto valdría una Play Station o cualquier equipo electrónico que tenga 40 años. La verdad, sé que no vale nada.

Las joyas compradas con criterio de inversión, es a decir joyas de oro de cierto nivel, siempre tienen un valor, más allá de la ilusión y del placer de lucirlas. Tienen un valor económico que se convertirá en un ahorro hecho a lo largo de los años.

Por ejemplo, la historia de una pulsera comprada en 1973 que pesaba 10 grs., era una pulsera consistente y maciza como se hacían en aquella época. Costó 23.000 ptas., que traducido a la moneda actual son unos 138 €.

Hoy en día, esta pulsera, si se va a vender para fundir y conseguir dinero, nos pagarían unos 390 €. Y este es el precio más bajo del valor de la pieza, puesto que és para fundir.

Esta joya, no solo hemos tenido la ilusión de regalarla y hemos provocado una ilusión al que la ha recibido, además la ha podido lucir más de 40 años y quizás nos ha solucionado un problema económico en un momento determinado.

Lucir y ahorrar esto es lo que hemos hecho y disfrutar de una joya maravillosa durante 47 años.

Esto no quiere decir que no podamos comprar ropa, equipos electrónicos o viajar, evidentemente, tenemos que vivir la vida y hacer aquello que nos hace feliz, dentro de nuestras posibilidades.

Aun así, regalando joyas también hemos estado muy felices y hemos dado muchos momentos de felicidad y alegría.